No la llamaron para nada pero corrieron a contar su vida y ganar dinero con ello. ¿Lógico? . Los organizadores se quejaban de que era una pasota y tenían que hacerlo todo ellos porque la tía no sabía. Era ella la que los había enseñado, querido y alegrado. Así la callaron la boca y la dejaron de hablar los... valientes.